Realidad y factores claves para un robusto ecosistema logístico

Liike
Pensar en un modelo omnicanal es un tremendo desafío para las empresas. Lograr esta operación conlleva conocimiento, riesgos, atrevimiento, equipos, tecnologías, sistemas, entre otros aspectos que van dejando atrás el modelo tradicional de la logística; aquella que habla, por ejemplo, del movimiento desde el CD a distinto puntos específicos.

Las operaciones han ido cambiando. La logística no sólo se apalanca en el centro de distribución o hub de una compañía; hoy las empresas han creado un ecosistema logístico diverso, donde confluyen tiendas, CD, marketplaces, dark store, microhubs, entre otros; todo con el objetivo de llegar al consumidor, a través de una red de movimientos o flujos de productos distinta a la tradicional. 

En este escenario, la comunión entre tecnologías, sistemas, estrategias, planificación y equipos humanos es sinónimo de éxito.  Hoy la solución a este panorama operacional no es sólo logística, en el sentido estricto de la palabra, de mover un producto de punto a punto, sino que el desafío está en ¿cómo son estos movimientos?, ¿cómo se atiende cada una de las órdenes de productos y, por tanto, a los clientes? o ¿Cómo le doy trazabilidad a estas órdenes, a lo largo de la red? 

Así, el inventario ha cobrado un valor único. Disponibilizar el stock a lo largo de esta nueva cadena y que esté disponible cuando el consumidor lo desee es el objetivo. Hoy el inventario está en distintas partes (tiendas, CD, marketplaces, etc.). Entonces, ¿cómo hacemos para orquestar todos los movimientos? Aquí es cuando los sistemas asoman como una alternativa, por ejemplo, OMS; pero también las personas, quienes deben estar conectadas a esta red logística. 

Por otra parte, son los equipos de colaboradores, quienes deben también comenzar a mirar su rol y actividad como un eje dentro de un engranaje de servicio completo y estratégico en las empresas. Para eso los incentivos deben responder a los distintos escenarios operacionales para impulsar sobre todo el servicio al cliente. 

En tanto, la tecnología, como sabemos, aporta la agilidad, exactitud y rapidez que los nuevos tiempos obligan. Así, tecnologías, sistemas y personas conforman la triada perfecta que sustenta y apalanca el éxito operacional de las compañías bajo este nuevo modelo logístico. 

En este reforzado ecosistema operacional, el movimiento de flujos, productos y personas se realiza a nivel de red y no de canales, es decir, la estrategia ya no es por canal de venta o distribución, sino a nivel de compañía, dándole una mirada transversal al negocio para que, finalmente, todo esté alineado para que la experiencia del cliente y consumidor sea un factor diferenciador.    

Ya no cabe duda, que la nueva logística cambió la forma de hacer las cosas y que todo seguirá evolucionando con foco  en cómo llegar al cliente. ¿Qué vendrá ahora? No se sabe aún. Todavía algunos están lidiando con los canales digitales, aprendiendo de ellos, adaptándose; y viviendo en definitiva un proceso de ajuste. ¿Cómo terminará este proceso de mejoras y ajustes? es la gran interrogante.  

El camino ya está trazado. Atreverse a los cambios es parte de este nuevo mundo digital que llegó para quedarse y, por lo tanto, hay que avanzar en el análisis de los procesos y buscar las soluciones más eficientes. Hay que dar, en definitiva, el salto al futuro a nivel de operación, donde la tecnología es fundamental para marcar diferencias y ser competitivo en un mercado cada vez más exigente, donde la logística es parte de la propuesta de valor que las empresas entregan. 

Por lo tanto, hay que mirar la logística como una estrategia central de la compañía y como una variable diferenciadora. Por lo tanto, el desafío está en aquellas que aún están reacias a los cambios y sesgadas a evaluar si es necesario invertir, porque se quedarán atrás.

Javier Bravo G.

CEO – LIIKE